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Academia Nacional de Cultura Tradicional y de Artes, Margot Loyola Palacios

Margot Loyola y Manuel García. Un encuentro músico-social histórico

 

Margot Loyola Palacios: autora, intérprete, difusora, investigadora y maestra de cultura tradicional. Premio Nacional de Arte 1994.

Manuel García: escritor, dibujante, pintor, músico e intérprete de la trova chilena. Premio  “Presidente de la República” A la Música Nacional. Año 2008.

La primera, de 93 años, de vasta trayectoria y reconocida a nivel nacional e internacional por su vida y obra fructífera.

Él, de 42 años, quien se abre paso en la música a fuerza de seriedad, talento y pasión, siendo ya reconocido internacionalmente gracias a su puntillista pluma social; y claro compromiso, más allá de pararse sobre un escenario y decir cosas por algunos minutos para solo lograr aplausos momentáneos. Datos claros que unen a estos dos grandes personajes culturales chilenos, tan distantes en kronos pero tan cercanos en admiración mutua, y ese siempre cariño hacia el prójimo. Y resulta que cada uno se conocía sin conocerse, por el respeto ese que se profesan, lo que a la postre provocaría un encuentro histórico y esencial para las páginas de nuestro música y de sus propios protagonistas; pero tuvo que ser el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, año 2012 (donde la Sra. Margot ha sido 5 veces jurado, y donde Manuel acaba de presentarse con éxito como jurado y artista invitado), el que ahondaría más este romance cultural, y luego que la maestra llorará al verle por televisión; específicamente, en el momento aquel donde el ex vocalista de “Mecánica Popular”, en pleno recital, leyera una carta crítica dirigida al Presidente de la República, en apoyo a demandas sociales actuales, tales como los problemas ocurridos en las ciudades de Aysén, Cabildo, Dichato, y con los sufrientes niños mapuches en Temuco, además de lo ocurrido con el estudiantado chileno en busca de una educación gratis para todos. Palabra fuerte y clara, similar a la de Margot Loyola en toda su historia; como cuando al comienzo de una gira por el norte de nuestro país, decide apoyar y visitar a los detenidos en Pisagua en 1949, ocasión que pide reunirse con ellos, almorzando y llorando su penas, acto que le costaría abruptamente el término de aquella gira, quedando totalmente abandonada en la pampa junto a su hermana Estela. Tantos episodios reclamando justicia social, como su constante ayuda en tiempos de Dictadura Militar (a través de la Vicaría de la Solidaridad o en forma más privada), hechos y razones que le harían merecedora en 1981 del premio “Serpaj”, entregado por el Cardenal Raúl Silva Henríquez y el  Premio Nobel de la Paz 1980 Adolfo Pérez Esquivel.

Jueves 29 de marzo de 2012. 19:00 Hrs. Comuna de la Reina, Santiago de Chile. Hora y lugar de éste encuentro primordial; ocasión en que Manuel visita a la maestra del folclor en la tranquilidad de su hogar, para conocerle y nutrirse de su sabiduría. A medida que avanzaban los minutos, iban apareciendo fundamentales bemoles desde ese hondo pozo  de la amistad y la sapiencia.

Aquella tarde noche, el cajón peruano era mágicamente tocado nuevamente por el señor limeño Monserrate, el más sobresaliente cultor de este instrumento de origen afro; y como no, hablar también de la música negra de los primeros afros y sus respectivos descendientes, los que aún viven por el norte de Chile y de Manuel; del huayno, y de cómo se desvirtúa su gracia por otras latitudes al momento de exponerle. Y Margot y Osvaldo (Cádiz, maestro universitario de cultura tradicional, y esposo de la folcloróloga), mostrándole la forma de cómo se tocaba el cajón en la década del cincuenta, al interior de las serranías peruanas; luego vendría el turno del siempre acompañante de cuecas y tonadas, el Tormento, tocado esta vez con dedales. Historias precordilleranas; de sacrificio y de la infancia; de injusticias sociales y temores.

¡He ahí la juventud y la experiencia juntas! Unidos por el encanto de la música, y por el cariño irrestricto hacia su pueblo proletario.

Consultado el autor de “La Danza de las libélulas” o “Piedra negra” acerca de este encuentro, dichoso, en lo escueto de las emociones, declara:

“Fue un encuentro precioso, donde pude conocer a una persona hermosa y de la cual yo esperaba mucho; pero resulta que me dio mucho más de lo que esperaba realmente, en el sentido humano, en el sentido de la sabiduría, de su palabra franca; ha sido muy emocionante para mí conocerla, y poder acercarme a su persona. Fíjate que iba por algunos minutos, y terminamos conversando por algo más de dos horas…estoy feliz”.

Por su parte la “Cruz de Boyacá. Al gran Comendador” entregado en Colombia en el año 1997 (por su valioso aporte y rescate en favor del folclor latinoamericano), opina para esta nota especial:

“Su palabra me enamoró desde el primer momento. Manuel es un hombre muy valioso, con una personalidad encantadora, modesto, transparente, auténtico; el líder que nos estaba haciendo falta, y quien habla el mismo idioma mío; un hombre de Chile, pero a su vez del mundo. Él es como un pedacito del cielo que se cayó en nuestra casa y en nuestro país; y el conocerle y conversar con este chiquillo maravilloso, me da mucho más fuerza para seguir haciendo mi camino…aprendimos mutuamente”. Declara emocionada.

Desde entonces, Manuel García y Margot Loyola caminan de la mano por el sendero de lo pleno; bailan allí juntos una marinera y un cachimbo, mientras este otro de los Manueles le canta y encanta con su sonrisa y su palabra, soñando poder poseer el reino del tiempo y así perpetuar este instante…histórica postal de la canción chilena y sus raíces.

 Julio Fernando San Martín

Foto: Carlos Ruz

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